Deseo y placer : La ciencia de las motivaciones by Ignacio Morgado Bernal

Deseo y placer : La ciencia de las motivaciones by Ignacio Morgado Bernal

autor:Ignacio Morgado Bernal [Morgado Bernal, Ignacio]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Ensayo, Psicología
editor: ePubLibre
publicado: 2019-05-01T00:00:00+00:00


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La sed y la homeostasis hidromineral

Salvo la que nos incita a tratar de aliviar el dolor intenso, no hay motivación homeostática más fuerte que la sed. Todos hemos experimentado alguna vez el profundo malestar que genera el sentimiento de sed cuando no se dispone de agua para beber, el cual se agrava y se hace insoportable cuando además creemos que vamos a estar mucho tiempo sin disponer del preciado líquido. La sed nos hace soñar despiertos con el agua fresca que emana de un generoso y refrescante manantial, y su sola imaginación ya resulta gratificante. Cuando la sed es extrema y duradera daríamos la vida por un vaso de agua fresca, o nos la beberíamos de un pestilente lodazal. Pocas cosas resiste peor el cuerpo humano que la deshidratación cuando llevamos mucho tiempo sin beber, o cuando perdemos fluidos del organismo por hemorragias, vómitos, diarreas o sudoración por exceso de calor o por haber practicado intensamente ejercicio físico.

La razón es que el agua es un componente básico de la materia que integran las células y los tejidos orgánicos; es decir, nuestro cuerpo es agua en buena medida y, a diferencia de lo que ocurre con las reservas energéticas en el hígado o las grasas, no dispone de depósitos de fluidos a los que recurrir cuando nos deshidratamos. En esos casos la solución que la evolución biológica ha desarrollado es la de crear inmediatamente la sed, una potente sensación que inunda la mente consciente y motiva a buscar el agua dondequiera que la haya para restaurar el equilibrio hídrico perdido. Más aún, la necesidad de beber puede resultar tan imperiosa, y es tanto lo que pone en juego, que la homeostasis hídrica añade al sentimiento de sed el intenso placer que se experimenta al saciarla cuando se consume el agua. Pocos placeres, como ya tuvimos ocasión de comentar, igualan al de beber cuando tenemos mucha sed.

Pero no basta con beber y recuperar la cantidad de agua perdida. Es también necesario garantizar que esa agua ingerida se distribuye convenientemente entre los diferentes compartimentos de fluidos del cuerpo, pues cada uno de ellos requiere un determinado volumen para que los procesos fisiológicos en que está implicado funcionen con regularidad. La homeostasis hidromineral hace posible esa distribución regulando, además de los fluidos, las sales del cuerpo, particularmente el sodio, que actúa como un soluto generador de fuerzas osmóticas que redistribuyen el agua entre el interior y el exterior de las células.



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